lunes, 14 de enero de 2013

Viviendo...

Han pasado años, creo que casi dos, no estoy segura... Todo comenzó en enero de 2011 con un dolor de cabeza diario, unas pequeñas taquicardias, una angustia inexplicable... En febrero me operé de mi vesícula y tuve una crisis en la sala de recuperación..un día antes del 27/F con mi esposo fuimos a la Clinica a revisar mis puntos y yo miraba el cielo y sentía que nada era como antes... Pero fueron cosas aisladas... En marzo empezaron los síntomas de una enfermedad silenciosa, que se lleva a tantas personas, implacable y de la cual día a día una debe escapar...

Fue en marzo cuando tuve mi primera crisis real de pánico, un día en la tarde trabajando en mi oficina, sola, sentada mirando mi mueble donde tengo mis infinitos archivos, pensando que debía hacer 1,2,3,4,5 etc de cosas, cuando de pronto empezó a tiritar mi mirada y se me aparecían las imágenes como de una persiana deforme, donde mirara iba abriendo y cerrando persianas, en escala...
El miedo se apoderó de mi, el corazón galopaba, mi aliento desaparecía, tiritaba completa, sin fuerzas en mis brazos y piernas, sentía que todo daba vueltas y  pensaba que moría...
Pero no, sólo era un ataque de pánico.

Mi esposo corrió a verme, me llevó al Hospital cercano, tenía la presión por las nubes, los latidos cardíacos de caballo al final de la carrera y una angustia en el pecho horrorosa... Cuando me atendieron por fin los síntomas habían desaparecido, y me enviaron a mi casa... y a visitar un siquiatra...

Yo no hice caso, pensé que era cosa de tiempo, jamás había tenido nada de eso, tuvieron que pasar tres crisis y sufrir una angustia constante que no me dejaba dormir, para que finalmente cediera y visitara una siquiatra que me recetó algunos medicamentos... Fui a reiki también, lo que me ayudó muchísimo, no sé si fue la persona que me lo hizo o fue mi fe, pero me sirvió mucho.

Pero la verdad, lo que realmente pasaba era que, estaba en una profunda depresión.  Depresión que me llevó a pensar en atentar contra mi vida en varias ocasiones. Pasé noches enteras ideando còmo hacerlo, dónde hacerlo, si mis deudas tenían seguro de desgravamen o no, etc.. No quería traumar a mis niños, pero no veía otra opción para huir de este dolor profundo en mi alma. No es un dolor físico, como cuando duelen los brazos después de un esfuerzo o los pies después de un largo día,  para aquellos que han vivido una depresión saben de lo que hablo, duele el cuerpo, pero es un dolor raro, que no pasa, una angustia en el pecho, una sensación de vacío, de decir porque no puedo ser feliz como antes, porque siento esto...Y yo lloraba y decía, ¡quiero ser feliz como antes!... Y uno se convence que la única forma de escapar de ese dolor asfixiante es el suicidio.

Yo soy una mujer alegre, que siempre está cantando, sí, tengo días malos como cualquiera, pero mis hijos están acostumbrados a que los llame de un piso a otro, cantando, bailando con ellos, hablando fuerte y durante meses fui un espectro, un "alma" en pena, rondando la cocina, el baño y la pieza, una sombra de lo que fui... y mis hijos estaban tristes también... no entendían que pasaba con su mamita, por qué ahora estaba todo el día triste y llorosa...

Creo que hubo algo que me iluminó un día   Estando en mi casa, con mis pensamientos suicidas, miré a mi hijo mayor y se me hizo un nudo en la garganta.. ¡como podía pensar en dejarlos! ¡como! Son tan indefensos, me adoran tanto, soy su mamita, ¿como podía yo, pensar en dejarlos?... El no entendió, pero yo sí, y lo abracé con todas mis fuerzas mientras lloraba... Me decía ¿mamita, te duele la guatita? SI hijito mi guatita me duele mucho! pero abrázame para que se me pase... y me ponía sus manitas en mi vientre y de verdad sentí una sanación, fue como nacer de nuevo...

Desde ese día dejé mis medicamentos, le mentí a mi siquiatra diciéndole que los había dejado paulatinamente, pero no fue así, los dejé y punto. Tuve pequeñas crisis, pero dominaba mi miedo pensando en cosas lindas, en viajes que quiero hacer, en cosas que quiero vivir junto a mis peques, junto a mi esposo, y así fueron desapareciendo... Pero, no del todo, hay días que vuelven como cosquillas en mi pecho y sé que es eso, que aún están ahí escondidas, pero trabajo día a día para que no tengan fuerzas nunca más...  ¿Por qué llegué a eso? bueno hay una razón muy poderosa, pero creo que nada, NADA vale más que VIVIR junto a mis hijos y mi esposo, VIVIR cada día como si fuera el último, VIVIR como si la vida se fuera en un rato más.... El futuro es eso, futuro, incierto, insondable, el presente lo voy construyendo paso a paso, cada día... Cuando internalicé eso, sentí una frescura en mi pecho, una energía nueva que entraba a sanar todo el dolor de haber perdido a mi madre sin poder darle todo lo que ella merecía... y que me estaba destruyendo desde dentro hacían años, muchos años...

Descubrí que me angustia el hecho de morir un día y dejarlos, que el luto de perder a mi madre me fue enlutando el espíritu sin querer, que me desbandé pensando que así olvidaba mi dolor, pero no fue así, y solo sumé y sumé más angustia a mi cansado corazón... Estoy en proceso de sanación, todo va lento, ya van casi dos años, pero en eso estoy. Viviendo cada día, todos los días.



No hay comentarios: